Cartas desde el Gulag |
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El mundo es diferente cuando se contempla desde las áridas estepas de la Madre Rusia...
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2004. 29/05/2004AMARGOS RECUERDOS[Música de fondo: "Danzas Polovtsianas del Príncipe Igor", de Borodin, interpretado por el coro de bellas katyuskas rurales del koljós del norte...] Hoy nieva como si dios estuviera sacudiéndose la caspa de los hombros. Aquí en mi celda solitaria, apenas compartida con otros veinte desgraciados, garabateo mis ideas sobre unos pedazos de papel higiénico usado. Los recuerdos vienen a mí, atropellados, como los golpes de Pyotr y Yevgeny, los guardias armenios que se encargan de mantenernos en calor. Echo de menos tantas cosas, tantas... Pero sobre todas ellas, incluso por encima de mi osito de peluche, la imagen de Natasha se alza sobre todas las demás. Natasha, mi amor, mi delirio, mi perdición... ¿dónde estarás ahora? ¿Yacerás en la cama de algún preboste de las altas esferas de Moscú? ¿Te habrán obligado a satisfacer sus instintos más bajos y rastreros? ¿Quizá seas la esclava sexual de alguna matrona uzbekistana? ¿Acaso habrás acabado en las casas del placer de Murmansk, allá donde Pedro el Grande perdió el gorro..? Natasha, mi pobre Natasha, apartada de mis brazos por el destino cruel. Aún recuerdo cómo introducías tus delicados dedos en mis globos oculares, cómo mordías la punta de mi lengua cuando intentaba besarte, cómo hundías la afilada puntera de tu botín de cabritillo en mi escroto dolorido... Y todo para demostrar tu afecto y tu abnegación. Natasha, secuestrada por los soldados cosacos allá en nuestro palacete a orillas del Volga, donde vivíamos felices con mis padres y Nicolai, el bello jardinero bieloruso. No teníamos jardín, pero Natasha aducía que sería un verguenza dejar en el paro a un chico tan bien dotado como Nicolai. Así era Natasha, siempre atenta, siempre dispuesta a hacer lo que fuera por los más necesitados... Como aquella tarde, por ejemplo, en que accedí al establo para enjaezar a mi montura y los pillé a ambos desnudos en mitad de la paja. El pobre Nicolai se había quedado sin ropas, tras ser asaltado por unos malévolos bandidos ucranianos, y ella, ni corta ni perezosa, se había despojado de las suyas para cubrir su musculoso cuerpo antes de que pillase un resfriado. Natasha... ¿Cuánto dolor puede sufrir un hombre? Aquí en el gulag, apartado de la corte y de la francachela de la alta sociedad, sin saber si vives o mueres, mi alma se angustia cada segundo. Mis compañeros de celda, mientras hacen cola para abusar de mí, tratan de consolarme con animosos golpes en las corvas, o con pellizcos de comprensión en las orejas. El papel higiénico se acaba, entre mancha y mancha de dudosa procedencia. Tendré que esperar al próximo caso de disenteria para poder seguir con estas memorias. No tengo prisa; aquí el tiempo casi no tiene sentido. Saludos desde el gulag. 30/05/2004AL CALOR DEL AMOR EN UN BAR[Música de fondo: "Cocaine", versión de Eric Clapton] NO ES NADA DIFÍCIL convertir una antiguo tugurio frecuentado por pensionistas en una moderna cafetería de lo más “in”. Como primera medida, se procede a coger a los vejestorios por la parte superior de sus guayaberas y luego se les da una patada en el culo, de manera que aterricen en la acera, donde no molesten mucho. Luego se tiran unos cuantos tabiques, se les pega una mano de pintura de color “modelno” (en tonos pastel, pero de los que hieren la vista), y se colocan estanterías al vuelo llenas de cachivaches sin sentido de esos que nadie saber lo que son en realidad, aunque visten mucho y dan caché. Seguidamente se procede a dar la jubilación anticipada al antiguo equipo de camareros envejecidos y decrépitos, sustituyéndolos por un batallón de chicas muy monas vestidas con un uniforme corto de generoso escote (es recomendable, eso sí, incluir a un par de homosexuales, por aquello de los cupos). Como guinda para el pastel, se contrata a un cocinero de la nouveau cuisine para que confeccione aperitivos intragables pero de indudable contenido estetico. Y ya está, ahora podemos quitar el horroroso cartel de Bar Eusebio, y sustituirlo por otro de neones pálidos que se llame, un ejemplo, DuGaston’s, o Cherie Lulu, o Transvaal Experience. También hay que hacer una presentación en sociedad, por supuesto. Tendremos que elegir con cuidado los asistentes a la inauguración. Serán preferibles niños bien con polito Chemilacó y niñas monas vestidas de Mango o Cortefiel. Borjamaris, Damianes, Pepemas, Mariajos, Sandras, Nurias... Ya me entienden, pieles tostadas por los rayos UVA, muñecas con tendinitis a causa del Paddle... Pero no se cierren a la presencia de un par de barbudos intelectuales: los de su calaña son grandes aficionados al alcohol, y pueden aumentar sus beneficios sin dar demasiado la lata. No hay ni que decir que el evento estará amenizado por un trío de músicos marginales, con chica delgaducha incluída, que entonarán baladas insoportables pero muy modernas. Se servirá un catering con los delicatessen de su cocina, a base de pequeñas cagarrutas de fuá y vegetales orientales. Las croquetas están prohibidas, y la razón es que parecen provocar ataques de gula en los comensales. Es preferible que los platos queden llenos, por motivos evidentes. Una vez asegurada la insigne clientela, ¿qué hacemos? La respuesta es obvia: nada, todo seguirá en marcha por sí mismo. Es el momento de retirarnos para atesorar beneficios mientras contribuímos al desarrollo de las futuras generaciones de este país antes llamado España. Ciudadanos limpios, bellos, aseados, y sin criterio. Es lo que necsitan los bancos, ustedes me comprenden, gente que se trague sus bolos con alegría y buen humor, sin protestar, que es un signo inequívoco de mal gusto y pésima educación. Saludos desde el gulag. 31/05/2004EL FINAL DE LAS OVEJAS ERRABUNDAS[Música de Fondo: "(Sittin' on) The Dock of the Bay", de Ottis Redding] IGUAL ES QUE NO me he explicado con suficiente claridad: estoy harto de todos los gilipollas que me rodean. Que no se me malinterprete, mi afirmación no es un silogismo categórico, y no quiere decir que todos los que me rodean sean gilipollas, es sólo que la sociedad actual parece primar la falta de cerebro como un rasgo distintivo del liderazgo. A ver, ¿cuántos de vosotros tenéis un jefe francamente idiota? Vale, vale, bajad ese bosque de manos. Con lo cual queda confirmada mi teoría, por supuesto. La ley es simple: la cantidad de neuronas de un individuo (o individua, que de todo hay) es inversamente proporcional al puesto que ocupa en la escala de mando. No me preguntéis por qué, quizá Van Doren con su preclara mente sea capaz de hacer un estudio sociológico comparativo, pero no es mi caso. La deducción que hago es fruto de años y años de observación directa en todo tipo de quehaceres, podría llamarse un trabajo de campo, y he visto cómo mis sospechas se confirmaban ampliamente. ¿Cuántas veces os han obligado a hacer algo de una forma obviamente estúpida sin atender a vuestras opiniones de que hay otra manera mucho más rápida para llevarla a cabo? ¿Cuántas veces habéis repetido el mismo informe porque a tal o cual jefecillo de medio pelo no le gustaba “el enfoque”, o “el estilo”, o “la estructura” (como si ellos supiesen el significado de los citados conceptos)? ¿Cuántas veces habéis tenido que reparar los fallos que ellos mismos han cometido, pero cuyas culpas recaen sobre ti? Yo digo que ya basta. Proletarios del mundo, exijamos un urgente lavado de cerebro en los cuadros de mando, políticos inclusive, para que los rebaños de obreros sufridores podamos desempañar nuestros trabajos con un mínimo de dignidad. O, mejor aún, hagamos que los sueldos de los prebostes que rigen nuestros destinos sean divididos a partes iguales entre sus subordinados si no son capaces de pasar al menos uno de los sicotécnicos que nosotros sí tenemos que hacer para acceder a uno de esos trabajos de mierda que llenan los escaparates de las empresas de trabajo temporal. Que ya está bien, hombres y mujeres, que ya está bien. Saludos desde el gulag. |